En el entorno empresarial contemporáneo, la digitalización ha transformado radicalmente la forma en que las organizaciones operan y gestionan su información. Sin embargo, esta evolución también ha incrementado la exposición a riesgos cibernéticos, donde las brechas de seguridad digital representan una amenaza constante.
Contrario a la percepción común que atribuye estos incidentes a ataques externos sofisticados, la evidencia académica señala que los propios trabajadores constituyen la principal fuente de vulnerabilidades internas.
Frente a este contexto, se analiza el fenómeno desde una perspectiva técnica y analítica, destacando los retos que enfrenta la empresa moderna para gestionar el factor humano en la seguridad digital, y se proponen estrategias integrales para mitigar estos riesgos.
La investigación de Ramos-Secaira (2023) sobre la seguridad cibernética en empresas ecuatorianas revela que, pese a la implementación de tecnologías de protección como firewalls y sistemas de detección de intrusos, las brechas internas originadas por errores humanos o incumplimiento de políticas son las más frecuentes y dañinas.
La falta de formación adecuada y la limitada cultura de seguridad entre los empleados generan vulnerabilidades que pueden derivar en pérdidas financieras, daño reputacional y sanciones legales.
Los errores más comunes incluyen:

En línea con estos hallazgos, Levy (2021) realiza un análisis configuracional exploratorio sobre errores humanos en brechas de datos, concluyendo que las fallas en el comportamiento de los empleados —como el uso inadecuado de contraseñas, la apertura de correos maliciosos y la negligencia en el manejo de información sensible— son factores determinantes en la mayoría de los incidentes. Su estudio enfatiza que la complejidad de las brechas no solo radica en la tecnología, sino en la interacción humana con los sistemas.
La Organización de los Estados Americanos (OEA, 2023) aborda la crisis global en el desarrollo de talento en ciberseguridad, señalando que la escasez de profesionales capacitados dificulta la implementación de controles efectivos y la supervisión adecuada del comportamiento interno.
Esta carencia afecta directamente la capacidad de las empresas para formar y retener personal con competencias en seguridad digital, incrementando el riesgo de brechas internas.
El reporte destaca que la falta de oportunidades de formación y actualización es una de las principales causas de rotación y desmotivación en el personal, lo que a su vez limita la consolidación de una cultura organizacional sólida en materia de ciberseguridad.
La OEA enfatiza la necesidad de estrategias integrales que incluyan capacitación continua, certificaciones y colaboración público-privada para cerrar esta brecha crítica.
Frente a este desafío, las empresas deben adoptar un enfoque multifacético que integre tecnología, procesos y, fundamentalmente, gestión del factor humano.
Ramos-Secaira (2023) recomienda fortalecer la formación continua de los empleados, desarrollando programas de capacitación adaptados a las necesidades específicas de cada organización y promoviendo una cultura de corresponsabilidad en la protección de la información.
Levy (2021) sugiere además implementar controles rigurosos sobre el acceso a sistemas y la gestión de privilegios, junto con mecanismos de monitoreo que detecten comportamientos anómalos. La combinación de estas medidas técnicas con la sensibilización constante contribuye a reducir significativamente la incidencia de errores humanos.
Por su parte, la OEA (2023) subraya la importancia de crear alianzas estratégicas entre el sector público y privado para fomentar el desarrollo de talento y compartir buenas prácticas, así como la necesidad de políticas nacionales que incentiven la inversión en capacitación y certificación en ciberseguridad.

Las primeras brechas de seguridad digital, frecuentemente originadas por los propios trabajadores, representan un desafío complejo y persistente para las empresas modernas.
Lejos de resolverse únicamente con tecnología, la protección de los activos digitales depende en gran medida de cómo se gestiona el comportamiento humano dentro de la organización.
La evidencia académica demuestra que el desarrollo de una cultura organizacional sólida, junto con la formación continua y la cooperación interinstitucional, son pilares esenciales para mitigar los riesgos internos.
En un entorno digital cada vez más exigente, solo aquellas organizaciones que adopten un enfoque integral —tecnológico, humano y estratégico— lograrán fortalecer su resiliencia y transformar a sus colaboradores en aliados clave para la seguridad y la continuidad del negocio.
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